POR QUÉ NACIÓ LHP + VOS
Por Zulma González
La historia detrás del método
Resumen: LHP es la base de una rutina de cuidado de la piel (limpieza, hidratación, protección solar); Vos es tu diagnóstico y tu tratamiento personalizado. Esta es la historia de cómo llegamos a esa idea, después de años viendo pacientes abandonar tratamientos que sí funcionaban.
Cuando empecé a trabajar sola hace varios años... Y cuando digo "sola" me refiero al momento exacto en el que empecé a alquilar un módulo de 3 horitas en los policonsultorios de la calle Terrada. Al principio no venía ni el loro, pero con los meses empezó a moverse gracias a Claudia, la dueña del lugar, que me recomendaba como la mejor dermatóloga de Villa del Parque.
Las consultas más frecuentes eran adolescentes con acné, enojados, frustrados, con brazos cruzados y mirada baja, con sus mamás consternadas al lado buscando soluciones. Habían pasado por otros profesionales, les habían indicado adapaleno, tretinoína —los retinoides son de primera elección en el tratamiento del acné— y terminaban con la piel irritada, sin entender bien por qué. Lo peor es que a mí también me pasaba: trataba chicos de primera vez con acné que terminaban con reacciones que no esperaban, y se me venían al humo las madres: "esta crema le hizo re mal y no quiere usarla más". Al principio no entendía lo básico, en el hospital tenemos una visión más centrada en la piel enferma que en la piel sana. La frustrada, en el fondo y no tan en el fondo, era yo. ¡Por suerte mis pacientes me tuvieron "paciencia", y puedo decir que muchos adolescentes de aquella época hoy son adultos y siguen siendo mis pacientes, así que tampoco hacía las cosas tan mal!
El mea culpa
Hasta que me senté a pensar, parecía como si lo hubiera pensado una sola vez, pero en realidad fueron varias hasta encontrarle la vuelta.
Las consultas son de quince minutos. Entre que el paciente entra, saluda, te cuenta los antecedentes, lo revisás, le das las indicaciones, le hacés las recetas, te pregunta de todo, y a veces perdés el hilo del motivo de consulta. Ni hablemos que cuando están llegando a la puerta de salida se acuerdan de algo y dicen “ya que estamos” o “me olvidé”… es una ensalada de información en minutos que valen oro.
Los pacientes se iban con una pila de papeles, de recetas, de información. Algunos ansiosos por tener un norte y arrancar con todo. Otros, dubitativos, medio mareados con ese tsunami de cosas que les decimos los dermatólogos.
En esa reflexión —mea culpa, o como quieras llamarle— las cosas como que se van ordenando: ¿qué es lo que está fallando? Y no era una impresión mía nada más. Cuando después me puse a revisar qué decía la evidencia, encontré algo que confirmaba lo que ya venía viendo en el consultorio: un consenso reciente de expertos dermatólogos de Asia-Pacífico describe exactamente este problema —buena parte de los pacientes no sostiene correctamente sus tratamientos tópicos en el día a día. No era que yo explicaba mal, ni que el paciente “no hacía caso”: era un problema que se repetía en cualquier consultorio del mundo.
Los errores que veía repetirse
Con los años, esos pacientes que se me escapaban del tratamiento — o que volvían peor, o que directamente no volvían más — empecé a agruparlos. Eran casi siempre los mismos cuatro errores.
Error 1: Esperar resultados demasiado rápido
Distintos estudios muestran algo que veo seguido en el consultorio: buena parte de los pacientes espera ver mejoras en solo dos semanas. La realidad es otra: la mayoría de los tratamientos dermatológicos necesita entre 6 y 12 semanas para mostrar resultados visibles.
Me acuerdo de Delfi, una paciente de 19 años con acné moderado, que dejo el tratamiento a los 10 días porque “no veía cambios”. Y es obvio: cuesta sostener algo cuando no te ves mejor. Pero ahí, justo ahí, es donde más se pierde terreno. Y ese error nace de algo muy simple: no saber bien qué esperar del propio tratamiento.
Error 2: Usar solo la crema del tratamiento (sin limpiar, hidratar ni proteger)
Muchos pacientes piensan que con aplicarse la crema del tratamiento o solo tomando “la pastilla” que les receté alcanza. A veces el médico no lo aclaró, no lo enfatizó, o a veces lo dio por sentado. Y esto falla porque:
- la piel necesita estar limpia para que el medicamento penetre bien
- los tratamientos —sobre todo retinoides, ácidos y otros activos— pueden resecar e irritar
- el sol puede empeorar la condición o dejar manchas
- sin hidratación, la barrera de la piel se debilita, se vuelve hipersensible y deja de cumplir su función
Este error es de comunicación: muchas veces no dejamos suficientemente en claro que la limpieza, la hidratación y el protector solar importan tanto como el tratamiento en sí mismo.
Error 3: Abandonar por los efectos secundarios
Ese mismo consenso describe que buena parte de los pacientes no respeta las indicaciones de cantidad y frecuencia, y que otro tanto abandona directamente por la incomodidad de algún efecto leve.
Sostener una rutina básica de LHP —en acné, rosácea, fotoenvejecimiento, melasma y otras condiciones— reduce muchísimo esos efectos, porque:
- la limpieza suave prepara la piel
- la hidratación contrarresta la sequedad que dejan los medicamentos y restablece la barrera cutánea
- el protector solar previene manchas y fotosensibilidad
Sin acompañamiento entre una consulta y la siguiente, cualquier efecto secundario esperable se convierte en motivo de abandono.
Error 4: No entender tu propia piel
Cuando el paciente no entiende bien qué tiene ni por qué le pasa, aparece la automedicación, la compra de productos que no le sirven y, tarde o temprano, la frustración y el abandono. Antes esa incertidumbre pasaba por lo que decía un amigo o la familia; hoy pasa por TikTok, Instagram y el influencer de turno. Entre tanta información —y desinformación— no hay forma de no terminar mareado.
Estos cuatro errores no son una anécdota: son, ni más ni menos, el motivo por el que armé todo este sistema. Y mirándolos de cerca, me di cuenta de que no nacían todos del mismo lado: uno es del paciente (infoxicación, expectativas), otro es el nuestro como médicos (el tiempo para “conectar”, explicar y dar por sabido determinados conceptos ) y otro es del sistema (pocos sostienen el proceso entre una consulta y la siguiente). Ese fue el punto de partida para pensar la solución.
¡De sistemas de prepagas, obras sociales y contexto país mejor ni hablemos porque da para largo en otro espacio!
Empieza a cerrar: dermatólogas, cosmiatras y secretarias
De esa reflexión sobre el paciente, los médicos y el sistema, nos dimos cuenta —o más bien lo pusimos en palabras, porque lo veníamos haciendo— de que la cosmiatra es un apoyo enorme. Las cosmiatras son grandes expertas en el manejo y cuidado de la piel, y los dermatólogos muchas veces nos olvidamos de ese aliado que tenemos al lado.
En Dermatología Devoto son clave, porque mientras te hacen la higiene profunda, la cosmiatra va reforzando todas las indicaciones médicas, resolviendo dudas sobre la marcha o detectando algo que en el consultorio no se vio. Muchas veces es a quien le contás lo que no le contás a la médica.
Pero el circuito no cerraba del todo ahí, porque quedaba un tramo suelto: el tiempo entre una consulta y la siguiente de control. Ahí entra la secretaría, que no es “la administrativa” en el sentido frío de la palabra: es quien convierte el plan en algo que efectivamente sucede. El turno que se agenda, el recordatorio que llega antes de que te olvides de vos misma, el seguimiento que no depende de que te acuerdes de escribirme.
Ahí sí cerró el circuito completo: consulta médica, cosmiatra, secretaría. Nadie está sola en Devoto, porque cada paciente que pasa por acá no pasa por una persona: pasa por un equipo que se pasa la posta haciendo que todo fluya y sientas que todos somos parte.
Hoy, en Google, tenemos más de 800 reseñas con 5 estrellas —y la mayoría habla justamente de esto: del equipo, del acompañamiento, de sentirse escuchada.
Así, contado, parece fácil. Pero en el día a día, en la vorágine de pacientes, a los médicos se nos escapan un montón de cosas que parecen obvias. A nosotros nos sirvió muchísimo ponerlas en palabras, ordenarlas. Y ahí es donde nuestra frase empezó a tomar sentido de verdad: “Volver a mirarte”. Volver a percibirte, a escucharte, a ver qué hacés con eso que te pasa en la piel, y cómo te vamos acompañando en ese proceso.
LHP + Vos: la base y lo personal
Esto es algo que pienso mucho y les repito seguido a mis pacientes, para que se entienda re fácil. Porque a veces salís de la consulta con la cabeza llena, con el papelito de las indicaciones, y en el momento no te acordás de nada. O peor: estás en la farmacia, perdida, mirando estantes, y no sabés ni por dónde arrancar.
Ahí es donde sirve pensar en LHP. Cuando estás perdida, pensás: LHP, a ver, me dijo que es la base… Y te hacés tres preguntas, que te ordenan. ¿Tengo algún producto para limpiarme? Sí o no, ¿cuál me llevo? Me explico que mi tipo de piel es grasa, ok, ya es un dato más. ¿Tengo algún producto para hidratarme? Sí o no, ¿cuál me llevo? ¿Cómo la siento en invierno? ¿Tengo protector solar? Sí o no… y avanzaste un par de casilleros en esto de empezar a cuidarte.
Si te falta alguno de los tres, ahí sabés exactamente qué salir a buscar. No hace falta acordarse de veinte productos ni de la marca exacta que te dije en el consultorio: alcanza con tener siempre estas tres preguntas cómo norte.
LHP es justamente eso: tu checklist de lo básico. Limpieza, Hidratación, Protección solar. Lo universal, lo que no cambia seas quien seas y tenga la edad que tengas.
Vos es todo lo demás: tu tipo de piel, tu diagnóstico, tu plan terapéutico, los activos que elegimos juntas según lo que necesita tu piel en este momento de tu vida. Con vos —con tu consulta, tus expectativas, tus ocupaciones, tus preferencias, tu seguimiento, toda tu historia— es donde hacemos la diferencia y la personalización real.
Volvé a mirar los cuatro errores de los que te hablé antes: LHP + Vos es, ni más ni menos, la respuesta a cada uno. La base sostiene el tratamiento mientras el cuerpo responde a su tiempo (error 1), completa lo que el tratamiento solo no puede (error 2), reduce los efectos secundarios que te hacen abandonar (error 3), y el acompañamiento del equipo completo te ayuda a entender tu propia piel (error 4).
Y hay algo todavía más profundo que sostiene una rutina diaria del cuidado de la piel como hablar de LHP: tus hábitos de vida —alimentación, manejo del estrés, actividad física—, la base invisible, el terreno, sobre el que apoya todo lo demás. Por eso pensamos esta serie en tres capas: hábitos de vida en la base, LHP en el medio, y Vos en la punta. Empezamos por lo más fácil: en el próximo artículo hablamos de limpieza, hidratación y protección solar.
