El camino que no estaba en el mapa
Por Zulma González
Voluntariado, comunidad y la decisión que cambió mi forma de ejercer la medicina
Durante muchos años trabajé en hospitales públicos. Y cuando digo que era mi sueño, no lo digo como figura retórica: era literalmente lo que había imaginado desde que decidí estudiar medicina. Ayudar, aprender, estar en el corazón de un sistema, formar parte de equipos de trabajo con propósito y compromiso era el sueño cumplido. Me formé ahí, crecí ahí, y después de años de esfuerzo logré lo que siempre había deseado: mi cargo como médica de planta, primero en clínica médica y luego como dermatóloga, en un hospital.
Estaba exactamente donde quería estar.
Pero, algo no cerraba.
A muchos médicos nos pasa esto y no siempre nos animamos a decirlo en voz alta. En realidad, sucede en otros ámbitos y la vida misma. Luchamos tanto por algo que cuando finalmente lo alcanzamos, no sabemos muy bien qué hacer con esa incomodidad que aparece. ¿Cómo explicarle a alguien que lograste tu meta y que aun así sentís que falta algo? ¿Cómo justificarlo sin sentirte desagradecida o caprichosa?
El sistema hospitalario es generoso en muchas cosas, altamente exigente, injusto con frecuencia e imperfecto por donde lo mires. Los tiempos son tiranos, la demanda no tiene fin y desde lo económico merece un capítulo aparte.
Se hace medicina con lo que se puede, no siempre con lo que uno quisiera o lo que dicen las guías extranjeras. Nos adaptamos y naturalizamos una forma de trabajo, una forma de vivir.
Hasta que darle espacio a la incomodidad, al replanteo del camino se torna una necesidad.
Renunciar al hospital fue la decisión más difícil de mi vida profesional.
Soltar aquello por lo que había resignado horas de sueño, estudio, fines de semana, Navidades, cumpleaños; aquello para lo que me había preparado durante años y que había sido el motor de tantos sacrificios. El hospital no era solo un trabajo: era identidad, pertenencia, vocación…era Una Vida…que Amaba profundamente, pero hasta lo que uno Ama a veces incomoda…Reitero, lo Amaba y Lo Respeto profundamente, así como a todos aquellos que deciden continuar en ese sistema.
Mi familia fue la red de sostén a la hora de dejar ese espacio, ese sistema que me acuno durante tanto tiempo.
Decidí “emprender” y abrir mi consultorio sin saber exactamente a qué me enfrentaba. No tenía todas las respuestas, ni un plan perfecto. Tenía ganas, formación, convicción… mucho miedo e incertidumbre. Inicié un camino sin mapa con Machado resonando en lo profundo con su poema “Caminante No hay camino”….”y se hace camino al andar”.
Hoy mirando hacia atrás agrego que tampoco tenía herramientas suficientes de gestión, comunicación y liderazgo…. La intuición, la necesidad interna de construir algo propio fue superior. Un espacio con mis reglas, mis tiempos, mis valores. No era solo cambiar de trabajo; era cambiar mi forma de ejercer la medicina, de poder disfrutarla, …era cambiar de vida en realidad…¡Sin certezas, ni garantías…es Argentina después de todo!!
Fue la mejor decisión de mi vida.
NO fue fácil, me tomo tiempo…pero un día me di cuenta que tenía la libertad de ejercer la medicina como la sentía. Dedicarle a cada persona el tiempo que merece. Escuchar sin mirar el reloj. Pensar cada caso con profundidad. Manejar mis propios tiempos. Estar verdaderamente presente en cada consulta y conectar… sin darme cuenta aprendí a escuchar lo que no se dice y a ver lo que no se muestra…Y volví a Mirar, Volvi a Mirarme y pude inspirar a que se “vuelvan a mirar”….hice mi propia experiencia, mi propio camino y hoy desde Dermatología Devoto ayudamos y acompañamos a quien “vuelve a mirarse”…
Había algo muy lindo en eso. Algo coherente. Algo en paz.
Algo que el hospital —con toda su riqueza, su mística y su escuela— no podía darme.
No estaba sola, Beti, mi mano derecha, mi amiga completaba con sonrisas, aromas y detalles la magia de ese espacio que fuimos construyendo.
Aun así, algo seguía sin cerrar.
¿Podía sostenerlo en el tiempo? ¿Quería que ese fuera el techo de mi crecimiento? …era mucha energía para una sola persona…¡Nunca nos conformamos…y eso es genial!!
Porque la “esencia” está en el trabajo en equipo, la colaboración, el intercambio constante.
Construir junto a otros es pura Nutrición.
Y así, casi sin darme cuenta, empezó a gestarse algo nuevo.
De a poco. Sin manual de instrucciones.
Así nació lo que hoy es Dermatología Devoto
Sin herramientas, buscando, leyendo, preguntando, investigando, invirtiendo tiempo, dinero y energía en cursos y charlas. Aprendiendo a gestionar un equipo, a manejar la parte administrativa y financiera, a transmitirle mi visión a las personas que se fueron sumando. Hubo momentos difíciles, decisiones que no sabía si eran las correctas… más bien, diría que predominaron las decisiones erróneas, etapas de mucha incertidumbre donde los costos no daban, haciendo malabares. Y todo fue aprendizaje. Prueba y error continuo. Guauuu, lo escribo, lo leo y ni yo puedo creer la intensidad de lo vivido.
Pero fuimos avanzando. Creciendo. De a poco. Manteniendo la coherencia, siempre con la visión clara.
Hoy Dermatología Devoto es mucho más que un consultorio.
Es la integración de todo lo que soy y es cada una de las personas que la integran, de todo lo que nos importa: la dermatología clínica, el trabajo en equipo, el conocimiento continuo, la ciencia y……. la actividad comunitaria, que es parte de nuestra identidad.
Dermatología Devoto No es un lugar donde se atienden pacientes. Es un concepto, una manera de entender la medicina, la salud como parte de la estética, una forma de estar en el mundo.
Tardé años en llegar hasta acá. Hubo renuncias, miedos, dudas y aprendizajes que no estaban en ningún mapa. Pero cada paso tenía sentido, aunque en el momento no siempre lo viera.
Hoy puedo decir que finalmente estoy donde quiero estar, hice camino al andar…pero ahora trazamos rumbo, tenemos un mapa y sabemos a dónde vamos.
Y esta vez…. sí cierra.
